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Control y discapacidad: claves para una convivencia saludable y respetuosa.

  • Foto del escritor: Carlos Frutos Cañizares
    Carlos Frutos Cañizares
  • 18 ene 2024
  • 3 min de lectura

Actualizado: 1 feb 2024



La sensación de control sobre todo de familias de personas con discapacidad es un tema que me interesa mucho como profesional de la psicología. En este artículo, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones y consejos sobre cómo manejar esta situación, que puede ser muy estresante y frustrante para los cuidadores.

El control es una necesidad humana básica, que nos ayuda a sentirnos seguros, confiados y capaces de afrontar los desafíos de la vida. Sin embargo, cuando se trata de cuidar a una persona con discapacidad, el control puede convertirse en una ilusión o una obsesión. Por un lado, podemos sentir que no tenemos ningún control sobre lo que le pasa a nuestro familiar, su salud, su bienestar, su futuro. Por otro lado, podemos intentar controlar todo lo que está a nuestro alcance, desde su alimentación, su vestimenta, su educación, hasta sus relaciones sociales y afectivas.


¿Qué consecuencias tiene esta falta o exceso de control? Pues bien, puede generar una serie de emociones negativas, como ansiedad, culpa, ira, tristeza o depresión. También puede afectar nuestra autoestima, nuestra salud física y mental, y nuestra calidad de vida. Además, puede deteriorar la relación con la persona con discapacidad, que puede sentirse invalidada, infantilizada o rechazada por nosotros.


¿Qué podemos hacer entonces para mejorar esta situación? Aquí les propongo algunas estrategias que pueden ser útiles:

- Reconocer y aceptar lo que no podemos controlar. No podemos cambiar el hecho de que nuestro familiar tiene una discapacidad, ni podemos predecir el futuro con certeza. Lo que sí podemos hacer es adaptarnos a la realidad, buscar información y apoyo profesional, y confiar en nuestras capacidades y recursos para enfrentar las dificultades.


- Diferenciar entre lo que depende de nosotros y lo que depende de la persona con discapacidad. No podemos ni debemos asumir toda la responsabilidad por su vida, ni tampoco podemos decidir por ella en todos los aspectos. Debemos respetar su autonomía, sus deseos, sus opiniones y sus derechos. Debemos fomentar su participación, su independencia y su autoestima. Debemos apoyarla, pero no sobreprotegerla ni limitarla.


- Buscar un equilibrio entre el cuidado de la persona con discapacidad y el cuidado de nosotros mismos. No podemos descuidar nuestras propias necesidades, intereses, aficiones, proyectos y relaciones. Debemos dedicarnos tiempo y espacio para hacer lo que nos gusta, nos relaja y nos hace felices. Debemos cuidar nuestra salud física y mental, y buscar ayuda cuando la necesitemos. Debemos compartir la carga con otras personas, ya sean familiares, amigos o profesionales.


- Practicar la comunicación asertiva con la persona con discapacidad y con nuestro entorno. Debemos expresar lo que sentimos, pensamos y queremos de forma clara, respetuosa y honesta. Debemos escuchar activamente lo que nos dicen los demás, y tratar de entender su punto de vista. Debemos negociar, acordar y establecer límites y normas que sean beneficiosos para todos. Debemos evitar los reproches, las críticas, las amenazas y los chantajes emocionales.


Estas son algunas ideas que espero que les sirvan de ayuda. Recuerden que el control no es algo absoluto ni definitivo, sino que es un proceso dinámico y flexible, que requiere de adaptación constante. No se trata de controlar todo, sino de controlar lo que podemos, y de aceptar lo que no podemos. Así podremos vivir más tranquilos, más felices y más en armonía con nosotros mismos y con nuestros seres queridos.

 
 
 

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